Mi viaje por el Mundo - parte 2 - Viajero anónimo
Perdón por la interrupción, pero ahora realmente se a que viene estar tan dicharachero con la Biblia. Es la historia del mendigo y el taxista gordo. Durante mi corta estancia en Nicaragua, vi el hambre, y vi el sufrimiento de una sociedad que esta verdaderamente golpeada. Y era triste ver que esa gente nacía en esas condiciones tan precarias, y tenían que hacer lo mejor de ello. Porque e incluso la gente que estaba mas contenta, no podía disimular el desencanto que había en el fondo de sus corazones. Estaban jodidos, bien jodidos, y era muy difícil no verlo, y era mas difícil todavía que pasara desapercibido por delante de tus narices, como lo hacia delante del clásico turista, pero lo hacia.
Para terminar de darle otra vuelta a la tuerca me cruzo con el mendigo. Una persona que ya casi era feliz por hablar conmigo, que era blando al tacto y todo humildad y servicialidad. Me ofrece de una forma increíblemente amable, y con un estilo muy particular, que evidentemente había practicado múltiples veces. No podéis comprender como sonreía a cualquier tontería que dijera yo. Que agradecido, era increíble. Después de todo esto, me ofrece un tour por la ciudad en la que el me explicaría la historia, y si caía bien, le podía invitar a comer. Pues no, mi cabeza todavía no era lo suficientemente flexible como para comprender que al que es bueno hay que dedicarle tiempo, y sumergido en mi plan, continué con el dejando a tan bella persona atrás. Y venga a darle vueltas, venga a darle vueltas. Como he podido ser tan egoísta, como para no dedicarle un poquito de mi tiempo. Y el tipo realmente lo necesitaba, no tenia dinero, ni comida, y estaba delgado. ¿como he podido??
Mi vida continuaba y arrebatado por el el deseo de ir a Perú, pasando antes por Ecuador, ya me dirigía hacia el aeropuerto. Cinco de la mañana, toda la gente trabajadora de Granada que trabajan durante el día en Managua, los auténticos conmuters. Y ahí estaba yo con todos ellos. Tratando de sacar algo bueno de este pueblo, que apenas vivía con 10 dólares a la semana. Debo de confesar que me sentía un tanto triste. Llegue al aeropuerto y saque mi billete para Quito. El vuelo era por la tarde, y eran las 7 de la mañana. Reconozco que estoy bastante emocionado, y aunque podría haber dedicado ese espacio de tiempo para terminar de leer la Biblia, lo dedique a hacer un tour por Managua, y terminar de conocer un poquito el país.
Para hacer una historia larga corta, el taxista que me hizo el tour, estaba gordo y bien alimentado, y le pague 4o dólares por el tour, de los que se sacaría unos 30 si restamos la gasolina. Es decir, una estafa. Yo participe de lleno en la estafa, hasta le deje 5 dólares de propina. Porque ya había entrado en el juego y no pensaba salir de el si no era con la cabeza bien alta.
Pero la lección estaba mas que aprendida. Solo voy a dar dinero a los que realmente lo necesitan, y nada a los condenados cazaturistas, que en su gran mayoría están gordos. Solo a los que lo necesitan. Solo a los que lo necesitan.
Y esto mezclado con el mensaje de Jesús, que retumbaba en mi cabeza, es la tesitura en la que me encontraba cuando me cruce con esta pobre persona en la catedral de Quito. Me ofrecí amablemente a escucharla y ella se sentó al lado mió. Ella me decía que eras pobre, pobre, y que no era digna de estar hablando conmigo, que además era negra y no servia para nada. Y yo como mejor podía trataba de darle ánimos diciendo que no pensara de esa manera por favor. La conversación continuo, básicamente ella me contaba sus penas y yo trataba de darle ánimos, en este caso tan extremo, casi solo me dejaba lugar a que le diera alguna esperanza, casi como si fuera su última oportunidad. Yo lo hice lo mejor que pude, y debo reconocer que lo hice como si fuera un sabio, con pocas palabras, pero con mucho sentido, como si conociera la respuesta a todo. A ella le llego mi forma de hacérselo llegar, e incluso se plantaba si yo era un ángel. Y debo reconocer que ahí sentado frente a la catedral, con una Coca-Cola en la mano, hablando con esta mujer, me llegue a sentir como un ángel.
Te lo puedes creer, lo especial que puede llegar a se esta gente. A cambio de prestar un poco de atención y alguna pequeña limosna, fíjate lo que me había dado ella. Tenía tanto que aprender, tanto que hacer, apenas había salido del cascarón. Mil besos.
Tenia toda la fuerza del mundo para volverme loco , loco como jamás se lo ha vuelto nadie bailar como si poseyera el diablo chilla, chillar, chillar, y chillar, y bailar en un trance alucinógeno durante días y días. AAAAAAAAAAAAA. Y MUCHO MAS QUE AHHHHHHeras lo que yo era capaz. Tpodo ello encerrado en una célula de buena conducta de la que me proveía mi educación. Aaaaa. Seria eso posible, seria realmente posible esperar tanto tiempo. ai a.i. ai ai . Tocar el piano., bailar desnudo en la guayaba. Ah aha haha. Nadie sabía el mounstruo que estaba encerrado dentro de mí. Era enorme. Era tan grande que casi no cabía. Aiai ai ai a. Tocar el piano, el arpa el electrica. En una montaña, en un acantilado que ya se esta cayendo, hacer ritmos con las rocas que me acompañan en la caída. Joder a tanta velocidad estaba cayendo. Con el acordeón el perro y el lobo atacándome por todos los flancos, pedro y el lobo, hansel y gretel comen chocolate a al lado mió, y yo toco el metal, el death, la progresión la música mas endiabladamente potente que jamás nadie escucho. ¿Alguien da más?
Dentro de poco más…
VIAJERO ANONIMO


